Hugo Carabes, futbolista amputado profesional

La idea de ser futbolista profesional surgió a partir de que estaba en fuerzas básicas. Recuerdo que fue como a los 8 años cuando confirmé la idea que quería vivir del futbol y mi vida está basada en entrenar, competir y jugar.

Me llamo Hugo Carabes, nací en Michoacán, en un pueblo que se llama Tocumbo, pero toda mi vida la he pasado en la Ciudad de México. 

Desde lo 4 años juego fútbol y jugué en Cruz Azul, Necaxa, Atlante y América en tercera división. Así como en Zacatepec en segunda división.

Dejé el fútbol profesional en el 2014, en ese entonces tenía 28 años pero continúe jugando en diferentes ligas amateurs como una manera de obtener un salario, ya que los equipos me pagaban y jugaba todos los días de la semana, de lunes a domingo. 

A pesar de que ya no era profesional, lo que me pagaban en las ligas amateurs me permitía tener ingresos suficientes para mantener a mi familia. No trabajaba en otra cosa, solo jugaba fútbol.

Un viernes trágico

Pero todo cambió de manera trágica debido a un accidente que tuve cuando iba en una motocicleta en la Ciudad de México. Ahí perdí una pierna pero de manera paradójica, esto me permitió seguir jugando a nivel profesional .

Recuerdo que era un viernes como a las 4 de tarde cuando me impactó un taxi. Iba con mi esposa y debido al golpe, tuve una fractura expuesta de tibia y peroné. Esto obligó a que me hicieran una  amputación transtibial de mi pierna izquierda. 

Llegué al hospital con la pierna destrozada, se veían los huesos y el pie estaba volteado. Pero lo grave fue que ya no había como sostener la pierna, porque debido al impacto quedaron inservibles nervios y tejidos, ya no había forma de volverla a unir.

Ahí fue cuando le avisaron a mis familiares de la amputación y de la urgencia de hacerlo, porque se podía ir una infección a los riñones. Los doctores tenían que actuar de manera inmediata.

El día que tuve el accidente no tenía idea de que me iban a amputar una pierna, me preocupaba que al otro día tenía que ir a jugar una semifinal y cuando desperté después de la anestesia, ya no tenía la pierna.

Cuando me di cuenta de esto, fue un impacto terrible. Pensé que eso era lo peor que me pudo haber pasado, que nunca más podría jugar fútbol, que mi vida se había terminado. 

Todos estos sentimientos me llevaron incluso a pensar en el suicidio, era tanto dolor que quería terminar con mi vida.

Una lenta recuperación

En los primeros meses luego de la amputación, la recuperación de la herida fue muy complicada. Tuve reacciones alérgicas a algunos tratamientos y debido a eso los doctores me querían cortar otro porción de la pierna. 

Esto provocó que tardara mucho tiempo en que me dieran la prótesis y eso afectaba mi estado de ánimo. Tarde como ocho meses en asimilar mi nueva situación y adaptarme a mi vida sin la pierna. 

Gracias a que mi hermana investigó, logramos llegar al Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), ahí hay un piso para amputados y nos dieron una cita urgente. 

Cuando llegamos la atención fue completamente diferente, me dijeron que no estaba infectada, que era un punto que habían dejado y por eso no cerraba.

En ese hospital me rescataron en todos los sentidos, ya que ahí también me dieron ayuda psicológica y gracias a todo eso, pude retomar mi vida.

Necesité de mucha ayuda psicológica para poder salir del trauma. Los dos primeros meses después del accidente, creía que lo podía superar solo pero fue imposible. Entré en una crisis emocional que me llevó a terapias y estuve en este proceso 8 meses.

Fue muy duro pero todo cambió cuando me dieron la prótesis, ahí retomé la esperanza de poder caminar y hasta de jugar fútbol.

La primera vez que me puse la prótesis, en ese instante sentí que volví a vivir otra vez. Recuerdo que caminé sin ayuda de bastón y fue una sensación de alegría inmensa, como si regresara nuevamente a ser yo.

Fútbol para amputados

En el hospital ya me habían dicho que existía el fútbol para amputados, mi familia también me hablaba de eso porque querían que siguiera haciendo lo que más me gustaba. 

Pero al principio no me interesaba, yo quería dejar el fútbol como consecuencia del trauma que tenía.

Cuando superé esa etapa, un día decidí que iba a investigar si había posibilidades. Quería probar si me gustaba y si el fútbol para amputado me divertía tanto como antes. 

Entonces me puse en contacto con un equipo que se llama Guerreros Aztecas en la Ciudad de México,  el entrenador me dijo que era bienvenido, que me presentara a entrenar.

El primer día del entrenamiento me costó mucho trabajo porque nunca había usado las muletas especiales para jugar, se llaman bastones canadienses y se me complicó un poco. 

Pero esto fue un reto muy bonito porque volví a sentir el balón en mi pie y descubrí que podía jugar y competir.

Así conocí que hay una liga nacional de fútbol de amputados en México, es la máxima categoría para nosotros y debuté en 2016 en una semifinal. A partir de ahí comenzó otra vez mi carrera como futbolista profesional amputado.

Jugar un mundial 

En 2017 fui convocado a la selección nacional y en 2018 se jugó el mundial de fútbol de amputados en San Juan de los Lagos, en el estado de Jalisco, México.

Fui convocado y forme parte de la selección mexicana que quedó en el cuarto lugar de 24 equipos, nos ganó Turquía en semifinales y Brasil en penales por el tercer lugar.

Los mundiales de amputados se realizan también cada cuatro años y se espera que en 2022 sea en Turquía, espero volver a formar parte de la selección de México.

El mundial en México ha sido la mejor experiencia que he tenido en mi vida, jugar ante más 10 mil personas, escuchar el himno nacional y sentir el apoyo de la gente, eso es algo inexplicable que nunca se me va a olvidar.

Ahora recuerdo esa etapa cuando estaba muy deprimido después del accidente, cuando incluso pensaba en quitarme la vida y todo parecía oscuro para mi, pero después de eso he vivido cosas que nunca me hubiera imaginado.

He cumplido el sueño de todo futbolista que es jugar un mundial, vestir la camiseta de tu país. Esto es algo que paradójicamente si estuviera físicamente completo nunca lo hubiera logrado.

La vida me puso en este camino, luego de mucho sufrimiento he podido cumplir con ese sueño de una manera distinta y tengo las ganas y la fe de jugar otro mundial. Esto es lo mejor que me ha pasado en fútbol.

Ganarse la vida en los semáforos

Pero durante la pandemia, perdí mi pequeño negocio porque cerraron las escuelas donde vendía paletas y helados, entonces unos amigos que se dedican a dominar el balón en los semáforos, me invitaron a trabajar y desde hace más de un año trabajo en eso.

El horario es de 8 de la mañana a 4 de la tarde y afortunadamente puedo mantener a mi familia con esto. Con este trabajo ganó entre 300 o 400 pesos (15 o 20 dólares diarios), lo que da para los gastos del hogar.

Pero es un trabajo muy cansado, porque estamos todo el día parados en la calle, brincando con las muletas, dominando y haciendo trucos con el balón. 

No les pedimos nada a lo conductores, solo los que quieren nos dan algunas monedas y hacemos el espectáculo para todos. 

La gente se impresiona por lo que hacemos con una sola pierna y muchos nos han comentado que se motivan al vernos, dicen que somos un gran ejemplo de esfuerzo y lucha para salir adelante.

El fútbol me ha dado trabajo durante todos estos años, ahora sigo trabajando con un balón en los semáforos y a pesar de todo lo que me ha pasado, me considero una persona feliz. 

La discapacidad no te limita ni te impone ser diferente a los demás, todo depende de ti y de como quieres vivir tu vida.


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